El insigne musicólogo y musicoterapeuta Riuichi Fuyimoto ha llevado a cabo un trabajo de análisis de la obra musical “Ziribuye”, del músico Perico Sambeat, vinculada directamente al proyecto “Gaia” de búsqueda de enlaces entre arte y naturaleza. Este artículo, de gran profundidad y belleza, ha aparecido en el reciente ensayo del mismo autor .
A continuación mostramos la traducción al Castellano de dicho texto

ZIRIBUYE, Proyecto de investigación musical.

Primeros frutos de la búsqueda de encuentros entre arte y naturaleza dentro del contexto de “Cian”, el dragón de la Calderona, ubicado en los alrededores de Valencia (España, costa mediterránea).

Ziribuye es el título de un proyecto musical de Perico Sambeat que supuso un paso decisivo en su carrera como instrumentista y compositor y configura la idea más ambiciosa que hasta éste momento ha llevado a cabo. “Ziribuye” es una palabra de origen inmemorial (ya aparece en textos prerrománicos como “Userum glaucianum zirib-uynes”, y posteriormente aparece como palabra clave de distintos textos árabes, como las poesías gnónsticas de Ibn-al alhucemm o los tratados de matemática y astronomía de Halil al-abbur).

Siempre con el propósito de perfilar la fina línea que divide el arte de la naturaleza en forma de entorno que la circunscribe, el proyecto nace como una representación musical de todas las ideas que crecen alrededor de las tensiones y distensiones que surgen alrededor de un único modelo:: “Initus-primae”, gaia, o una muestra de bestias (reales o imaginarias) que pueblan el entorno ancestral de la Sierra Calderona.

Riuichi Fuyimoto y Perico Sambeat.


El proyecto se materializa en distintos episodios o temas que configuran un “todo” que explica paso a paso la idea primigenia del paso inverso del hombre primitivo (homo-sapiens) al hombre zen-gnóstico y su posterior conversión en lo que es hoy en día (hombre contemporáneo, desligado de sus raíces temporales-terrenales).
Así, el primer tema “Sunwind” está constituido por diversas melodías que, partiendo de una idea armónica sencilla pero presente a lo largo de toda la composición (almus aúreum) se desdibuja a lo largo de cadencias que siempre guardan notas consonantes con una tonalidad original que expresa de algún modo la idea de nacimiento y primeros desarrollos de la idea preconcebida (prímital). El rodeno es el mineral – piedra primigenia sobre la que se desarrolla todo el sinuoso entorno de las ideas musicales desarrolladas.
El segundo tema “Cató-Scopio” desarrolla de forma polifónica alguna de las ideas aparecidas en el primer tema, y su sinuosa melodía se debate entre bloques armónicos de desigual identidad, abriendo camino, en sus solos, a ideas más contrapuntísticas que se llevan a cabo siempre dentro de la más singular micro-tonalidad. De hecho, durante el segundo sólo se crea un contraste que intenta mostrar de alguna manera la dualidad intrínseca en el plano más espiritual del hombre (masculino-femenino, celestial-terrenal) e intenta, con el hipnotismo de su “vamp” repetitivo hasta la obsesión, concienciar o influir al oyente en éste u otro sentido.
Así llegamos a “Soliloquio”, tema introspectivo cuya melodía, sucinta pero ambigua, desciende sinuosamente a lo largo de unos acordes cuya armonía no-funcional devuelve un momento inquietante al hilo conductor (“conductio filis”) desarrollado hasta el momento en los temas anteriores. Era el momento ideal de escuchar un solo de contrabajo, cuyas registro más grave entronca directamente con los sonidos de trance de algunas músicas desarrolladas en la antigüedad en la cuenca mediterránea.
“Cyborg” supone una nota discorde, un punto cíclico que contrapone su concepto al del resto del CD, y nos transporta en cierta manera al último estado del ser contemporáneo, por otra parte moldeado durante eones por los ciclos místicos y geológicos que nuestra raza ha sufrido. Norte y Sur, blanco y negro, no son antítesis, sino distintas facetas del inventario personal de culturas imaginarias. El papel ancestral de la música de nuestros antepasados funcionaba como cauce natural entre nuestro mundo y las esferas superiores. La idea de danza-trance se ha perdido a lo largo de los años al verse rodeada la música de una intelectualidad que puede (o no) alejarse de los planos sutiles
“Rosa dels vents” es el canto subliminal configurado de materia sutil (lo visible y lo invisible), trayecto arquetípico de toda inspiración, y creo descubrir en ella retazos de la obra del escultor esloveno Marko Pogacnik, quien actualizó la teoría ancestral de la “geomántica” y elaboró la práctica de la “litopunctura” para la curación de la tierra. Asímismo, las ideas de Rudolf Steiner inspiran una búsqueda-regreso al equilibrio iniciático con la naturaleza y nuestro entorno.
“Ziribuye” constituye el principio y el fin de toda creación artística, el “modus operandi” de la entraña ígnea saturada del color rojo basalto que acompañaba los ritos cirílicos de la religión de Baal. Bajo la forma de un texto apócrifo del gran escritor ruso Alexis Fiodórovich, la composición, más visual que sonora, pretende embarcarnos en un viaje de introspección que ponga de manifiesto el peligro que supone anteponer actitudes acomodaticias y aburguesadas, al principio de búsqueda constante (ars initius) que debe configurar todas las facetas de creación y de espiritualidad humanas.
“Maya” es el opuesto sonoro a la soledad callada, la cadencia sincrónica desarrollada en medio de serpenteantes melodías de piano adornadas por retazos de melodías remotas que poco o nada tienen que ver con la actual tendencia de desarrollo melódico unidireccional, de racionalidad envuelta en corsés orquestales de singulares colores armónicos. En ella la trompeta y el trombón evocan vientos que retrotraen nuestra personal “litis” al concepto intrínseco de agua y sangre: “Mare nostrum” que dibuja nuestras desdichas y anhelos desde tiempo inmemorial.

 

“Epicuro” es el filósofo presocrático que más profunda y esencialmente estaba en contacto con las filosofías ancestrales y gnósticas que desarrollaron los indoeuropeos en Lemuria y Pangea hace milenios. La melodía, de interválica en cierto modo casual dibuja de manera cadenciosa la esencia pura pero finita de los cinco elementos básicos, y, ya al final, en el interludio tonal, asciende de forma vertiginosa en lo que sería una aplicación directa del impulso circular y cíclico de las 5 tonalidades básicas.
En “Ni Mari ni hostias” (clara alusión al estado fundamental de los acordes en disposición irregular) , luces y sombras confunden el espacio artificialmente configurado con su equivalente natural, la sintonía en su estado más puro no puede sino situarse en un plano en el que el simple lector (receptio-oníricus) se ve involucrado a posteriori en desarrollos armónico-melódicos de singular transcendencia. La fuerza de una simple melodía deberá forzosamente abrirse paso a través de un compendio de instrumentos (grupus musicae) que deberán estar conectados en distintos planos visibles e invisibles.

Riuichi Fuyimoto
(Musicólogo, musicoterapeuta, universidad de Kanasawa)

Traducción: Irene Mediavilla


 

 

 

 

 

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